El ríe, ella tiembla. Él habla, ella sonríe. Él la mira fijamente, y con su mirada le promete el mundo en una fuente, ella le cree. Ella sale de aquel lugar con una sonrisa dibujada en la frente, con el corazón palpitando fuertemente, camina a su casa, sola mientras analiza lo que conversaron hace media hora, no nota que él debiera estar acompañándola ahora. Llega a su casa, con el corazón en una mano y la alegría al borde del desenfreno, en sus ojos se percibe la locura, en el rubor de sus mejillas la emoción, en su expresión fácil, el irracional e inútil amor. Y entonces todos lo notan, y saben que algo saldrá mal, pero la dejan soñar.
Ella hoy está en su casa, imaginándolo hablar, mirando sus fotos, una y otra vez sin parar, él se ha convertido en alguien muy especial.
Transcurren los meses y ella no cesa de imaginar, él continúa su vida, como todos los demás, no imagina que por su causa ella suele suspirar. No tiene idea de que como ella jamás nadie lo amará, no aprovecha la oportunidad, ni siquiera se detiene a mirar. ¡Pero él no era tonto! Después de un par de años, era cada vez más notorio, y no lo podía ignorar: ella le hablaba de una manera especial, no podían brillar tanto sus ojos al estar con alguien más, el lo imaginaba y le empezó a gustar. Algo de ella le atraía y no podía descifrar que era en realidad. ¡Se demoró mucho en adivinar! ¿Qué ocurrió? Como muchas otras mujeres ella se aburrió, y cuando él al fin pudo abrir los ojos y comprobar que no había otra opción, que lo que ella sentía era realmente amor, cuándo quiso voltear y reconocer que algo comenzaba a despertar, ya era demasiado tarde, ella caminaba hacia otra parte, y no habría vuelta atrás.
Deberías haber reaccionado mucho antes.
Ella hoy está en su casa, imaginándolo hablar, mirando sus fotos, una y otra vez sin parar, él se ha convertido en alguien muy especial.
Transcurren los meses y ella no cesa de imaginar, él continúa su vida, como todos los demás, no imagina que por su causa ella suele suspirar. No tiene idea de que como ella jamás nadie lo amará, no aprovecha la oportunidad, ni siquiera se detiene a mirar. ¡Pero él no era tonto! Después de un par de años, era cada vez más notorio, y no lo podía ignorar: ella le hablaba de una manera especial, no podían brillar tanto sus ojos al estar con alguien más, el lo imaginaba y le empezó a gustar. Algo de ella le atraía y no podía descifrar que era en realidad. ¡Se demoró mucho en adivinar! ¿Qué ocurrió? Como muchas otras mujeres ella se aburrió, y cuando él al fin pudo abrir los ojos y comprobar que no había otra opción, que lo que ella sentía era realmente amor, cuándo quiso voltear y reconocer que algo comenzaba a despertar, ya era demasiado tarde, ella caminaba hacia otra parte, y no habría vuelta atrás.
Deberías haber reaccionado mucho antes.
