8 oct 2010

Tu me amas- dije maravillada. La sensación de convicción y certeza me invadió de nuevo.
Aunque la ansiedad continúo presente en sus ojos, la sonrisa torcida que más me gustaba se extendió por su rostro.
- Con todo mi ser.
Mi corazón se hinchó de tal modo que estuvo a punto de romperme las costillas. Ocupó mi pecho por completo y me obstruyo la garganta dejándome sin habla.
Me quería de verdad igual que yo a él, para siempre. Era solo el miedo a que yo perdiera mi alma y las demás cosas propias de una existencia humana, eso fue lo que le llevo a intentar con tanta desesperación que yo siguiera siendo una mortal. Comparado con el miedo a que no me quisiera, ese obstáculo-mi aloma- casi parecía una menudencia.
Me tomó el rostro entre sus manos heladas y me besó hasta que sentí tal vértigo que el bosque empezó a dar vueltas. Entonces, inclino su frente sobre la mía y supe que yo no era la única que respiraba más agitadamente de lo normal.
-¿Sabes? Se te da mejor que a mi- me dijo.
-¿El que?
- Sobrevivir. Al menos, tú lo intentaste. Te levantabas por las mañanas, procurabas llevar una vida normal por el bien de charlé, y seguiste tu camino. Yo era un completo inútil cuando no estaba rastreando. No podía estar cerca de mi familia ni de nadie más. Me avergüenza admitir que me acurrucaba y dejaba que el sufrimiento se apoderara de mí-esbozó una sonrisa turbada-. Fue mucho más patético que oír voces.
Me sentía profundamente aliviada de que pareciera comprenderlo, me reconfortaba que todo aquello tuviera sentido para él. En todo caso, no me miraba como si estuviera loca. Me miraba como... si me amara